Los países de América Latina y el Caribe pasan de los planes a la acción en la transformación de los sistemas alimentarios
Ciudad de Panamá, Panamá | 9-10 de abril de 2026
Países de toda América Latina y el Caribe se reunieron en la Ciudad de Panamá los días 9 y 10 de abril de 2026 con motivo de la IV Reunión sobre la Transformación de los Sistemas Alimentarios de América y el Caribe, auspiciada por el Gobierno de Panamá y organizada por el Centro de Coordinación de Sistemas Alimentarios de las Naciones Unidas en colaboración con el Grupo de Trabajo de las Naciones Unidas sobre Sistemas Alimentarios para América Latina y el Caribe.
La reunión congregó a más de 90 participantes, entre los que se encontraban coordinadores nacionales de sistemas alimentarios de 21 países, junto con coordinadores residentes de las Naciones Unidas, organizaciones regionales e internacionales, bancos de desarrollo e instituciones financieras, la sociedad civil, representantes de la juventud, pueblos indígenas, el mundo académico y actores del sector privado.
A lo largo de dos días de debates, los participantes se centraron en impulsar la transformación de los sistemas alimentarios en la práctica, haciendo especial hincapié en la implementación, la coordinación y la ampliación de los resultados en consonancia con las prioridades nacionales.
De las vías de acción a la ejecución
Se observó un claro cambio: los países están pasando de la planificación a la ejecución.
Desde 2021, las vías nacionales de acción para los sistemas alimentarios han ayudado a definir prioridades. Estas se están traduciendo cada vez más en políticas, programas y acuerdos institucionales, con el respaldo de una coordinación más sólida entre sectores y partes interesadas.
Esto marca una transición de la definición de ambiciones a la obtención de resultados en la práctica.
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La coordinación como factor clave
La gobernanza multisectorial, durante mucho tiempo destacada en la región, se está volviendo cada vez más operativa.
Los participantes señalaron mecanismos de coordinación interministerial más sólidos, funciones más claras para los coordinadores de los sistemas alimentarios nacionales y una participación más estructurada entre las partes interesadas. Al mismo tiempo, la fragmentación entre instituciones y niveles de gobierno sigue siendo una limitación clave.
La necesidad de reforzar la coordinación se erigió como tema central, no solo como una cuestión de gobernanza, sino como un requisito previo para una implementación y una ampliación eficaces.
Como destacó el Dr. Stefanos Fotiou, director del Centro de Coordinación de Sistemas Alimentarios de las Naciones Unidas: «El progreso lo impulsan los países, y el liderazgo de esta región sigue marcando ese impulso.»

Basado en las realidades locales
Los debates subrayaron de manera sistemática la importancia de los enfoques territoriales y el papel central de la agricultura familiar.
Los pequeños productores siguen siendo la columna vertebral de los sistemas alimentarios en toda la región, pero se enfrentan a barreras estructurales, especialmente en el acceso a los mercados, la financiación y las infraestructuras.
Los participantes destacaron la importancia de alinear las prioridades nacionales con las realidades locales y de reforzar el apoyo a las comunidades rurales y a los sistemas alimentarios locales. La transformación se entiende cada vez más como algo que debe construirse desde la base, arraigado en las economías locales, los sistemas de conocimiento y las realidades vividas.
De la política a la práctica
Un mensaje recurrente a lo largo de la reunión fue la brecha entre los marcos normativos y las realidades sobre el terreno.
Si bien muchos países han establecido bases normativas sólidas, su traducción en resultados sostenidos y anclados territorialmente sigue siendo desigual.
Como se destacó durante los debates en Panamá, “Las leyes sin financiación se quedan en el papel. Sobre el terreno, la gente sobrevive,” dijo Hermelinda Batista González, pequeña productora y presidenta de CONADAF Panamá para el Darién.
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Esto refleja una necesidad más amplia de fortalecer la capacidad de implementación, mejorar los sistemas de mercado y garantizar que las políticas cuenten con los recursos adecuados.
Financiar la ampliación de escala
Los países y los socios hicieron hincapié en que la siguiente fase de la transformación de los sistemas alimentarios dependerá de la capacidad para movilizar financiación y ampliar las soluciones.
Esto incluye fortalecer los vínculos entre las prioridades nacionales y las líneas de inversión, mejorar el acceso a la financiación y alinear las inversiones públicas y privadas con los objetivos de los sistemas alimentarios.
A lo largo de los debates, surgió un mensaje constante: sin una financiación adecuada, el progreso corre el riesgo de quedarse en el nivel de los planes y las iniciativas piloto.
Al mismo tiempo, los países destacaron la necesidad de modelos de financiación que sean diseñados conjuntamente, inclusivos y capaces de llegar a los actores locales, en particular a los pequeños productores y las comunidades rurales.
De la participación a la copropiedad
Se hizo especial hincapié en la importancia de la inclusión, en particular por parte de los jóvenes, las mujeres y los actores de la sociedad civil.
El mensaje fue claro: la participación debe ir más allá de la consulta y traducirse en una influencia real en la toma de decisiones y la implementación.
Como se destacó durante la sesión de la sociedad civil, «Las mujeres rurales no somos una carga. Somos las guardianas de la vida del mundo,» afirmó Luz Haro Guanga, representante de la Red de Mujeres Rurales de América Latina y el Caribe.
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Esto refleja un cambio más amplio hacia enfoques más inclusivos y participativos de la transformación de los sistemas alimentarios, basados en las realidades de las comunidades y los territorios. La inclusión se reconoce cada vez más no solo como un principio, sino como una condición para una implementación efectiva.
Un enfoque sistémico en la práctica
Un punto fuerte de convergencia en todos los debates fue la integración de las prioridades de los sistemas alimentarios en todos los sectores.
Los países destacaron la creciente alineación entre los sistemas alimentarios, la acción climática, la nutrición, la biodiversidad y la protección social, lo que refleja un enfoque sistémico que se está volviendo más operativo.
Este enfoque integrado, combinado con un fuerte enfoque territorial e iniciativas comunitarias, se perfila como una contribución distintiva de la región.
Ampliar lo que funciona
Partiendo de los avances y retos identificados durante el primer día, los debates del segundo día se centraron en lo que se necesita para pasar de la implementación a la ampliación.
Los participantes hicieron hincapié en que la ampliación requiere una mayor alineación entre las políticas y la inversión, cadenas de valor más eficaces que incluyan el almacenamiento, el procesamiento y la distribución, una gobernanza reforzada en todos los niveles y un apoyo sostenido a los enfoques territoriales y a los actores locales.
Hubo un amplio reconocimiento de que ya existen muchas soluciones. La prioridad ahora es conectarlas, ampliarlas y mantenerlas a lo largo del tiempo.
Una dirección regional compartida
A lo largo de ambos días, surgió una fuerte convergencia regional.
Los países, el sistema de las Naciones Unidas, las instituciones financieras, la sociedad civil, el mundo académico y el sector privado trabajan cada vez más hacia una visión compartida, fortaleciendo la cooperación y acelerando el aprendizaje en toda la región.
A pesar de un contexto global complejo y en constante evolución, los participantes reafirmaron su compromiso de mantener el impulso y promover un enfoque sistémico que integre a las personas, el planeta y la prosperidad.
Mirando hacia el futuro
Al concluir la reunión, el mensaje de la región fue claro.
Las bases para la transformación de los sistemas alimentarios están sentadas. Los países están avanzando en la implementación y reforzando la coordinación. La siguiente fase requerirá ampliar las soluciones, movilizar financiación y mantener el compromiso político.
Cada vez se reconoce más que los sistemas alimentarios son fundamentales para abordar los retos interconectados en materia de salud, medios de vida, clima y desarrollo.
Existe una determinación compartida de seguir adelante.
No hay vuelta atrás. La región está entrando en una nueva fase centrada en la ejecución.
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