El liderazgo de la juventud impulsa la hojas de ruta nacionales para la transformación de los sistemas alimentarios en Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas
El diálogo entre ciencia, política y sociedad está contribuyendo a integrar el liderazgo de la juventud en la gobernanza y la puesta en práctica de los sistemas alimentarios nacionales.
En su calidad de socios estratégicos, innovadores, emprendedores y colaboradores en la puesta en marcha, los jóvenes están trabajando junto con los Convocantes del diálogo nacional sobre los sistemas alimentarios para implementar hojas de ruta nacionales para la transformación de los sistemas alimentarios en todo el Caribe Oriental.
Organizados en el marco del Programa de Liderazgo de la Juventud (YLP) del Centro, dos talleres nacionales sobre la Interfaz Ciencia-Política-Sociedad (SPSI), celebrados en abril de 2026 en Santa Lucía y San Vicente y las Granadinas, ponen de manifiesto las ventajas de una toma de decisiones más inclusiva y participativa en los sistemas alimentarios. Reuniendo a instituciones gubernamentales, organizaciones juveniles, el mundo académico, la sociedad civil, socios técnicos y agentes del desarrollo, los convocantes del diálogo nacional exploraron cómo la participación juvenil debe pasar de la consulta a la acción concreta.
Involucrar a los jóvenes: vías más allá de la consulta
Para los pequeños Estados insulares en desarrollo, la transformación de los sistemas alimentarios está estrechamente vinculada a la resiliencia climática, los medios de vida, la seguridad alimentaria, la nutrición y las oportunidades económicas. Tanto en San Vicente y las Granadinas como en Santa Lucía, los debates pusieron de relieve retos comunes, entre ellos la vulnerabilidad climática, la elevada dependencia de las importaciones de alimentos, la limitada producción nacional y la escasa valorización, así como las barreras que afectan a la participación de la juventud en la agricultura y las empresas agroalimentarias.
Sin embargo, los talleres demostraron que la juventud ya está contribuyendo en todos los ámbitos de los sistemas alimentarios. Participa en la agricultura a pequeña escala, en iniciativas escolares, en el procesamiento agrícola, en la comunicación digital, en el emprendimiento agroalimentario y en el intercambio de conocimientos a nivel comunitario. El reto no es la falta de interés por parte de la juventud, sino la necesidad de contar con vías más estructuradas, apoyo institucional, acceso a la financiación, datos, mercados, formación y oportunidades para influir en la implementación.
En San Vicente y las Granadinas, el Excmo. Sr. Israel R. Bruce, ministro de Agricultura, Silvicultura y Transformación Rural, resumió claramente este cambio: «La juventud no debe ser mera pasajera, sino quien conduce el vehículo».
Acelerar la implementación de hojas de ruta nacionales para la transformación de los sistemas alimentarios
El enfoque de la SPSI crea espacios estructurados en los que la evidencia científica, los procesos políticos y los actores sociales pueden converger para respaldar una toma de decisiones inclusiva y basada en la evidencia. En la práctica, esto significa conectar las prioridades nacionales con las realidades comunitarias y garantizar que las políticas de sistemas alimentarios sean diseñadas por quienes trabajan en todo el sistema.
En Santa Lucía, el Dr. Randel Esnard, subsecretario permanente y Convocante del diálogo nacional sobre los sistemas alimentarios, hizo hincapié en esta transición: «Este taller no es solo otro diálogo más, es un paso hacia la implementación. Ahora nos centramos en traducir las hojas de ruta nacionales en acciones concretas que aporten resultados para Santa Lucía».
La Dra. Nicole De Paula, responsable técnica de Ciencia para los Sistemas Alimentarios en el Centro de Coordinación de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios, subrayó este mismo punto, señalando que el trabajo consiste en «ir más allá del debate y pasar a la acción, garantizando que la evidencia, las políticas y las realidades de la comunidad estén conectadas y se traduzcan en acciones a largo plazo».
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Crear los sistemas que permitan a la Juventud liderar
A lo largo de los dos talleres, los participantes señalaron la misma necesidad fundamental: la participación de la Juventud debe ser más estructurada, continua y estar más vinculada a las instituciones existentes.
En San Vicente y las Granadinas, los debates pusieron de relieve el papel del Fondo Fiduciario «Hambre Cero», el Marco Nacional de Sistemas Alimentarios para la Juventud propuesto y la Sección Juvenil del Foro Mundial de la Alimentación como mecanismos que pueden ayudar a vincular la participación de la Juventud con el desarrollo empresarial, los medios de vida, la participación en las políticas y la acción en todo el sistema alimentario.
En Santa Lucía, los participantes identificaron recursos nacionales como los servicios de extensión y formación, las plataformas de múltiples partes interesadas y el Sistema Integrado de Registro y Gestión de Agricultores, conocido como iFARM, como herramientas que pueden apoyar una mayor coordinación, la prestación de servicios y una planificación basada en datos para los jóvenes agricultores y agroempresarios.
En conjunto, estos ejemplos apuntan a una lección más amplia: el liderazgo de la juventud no se consigue únicamente mediante la participación en reuniones. Requiere datos, financiación, coordinación, puntos de entrada institucionales y mecanismos prácticos que permitan a la juventud influir en las decisiones y actuar en consecuencia.
Surgen las prioridades nacionales
Los talleres generaron prioridades prácticas de acción de la juventud adaptadas a cada contexto nacional. En San Vicente y las Granadinas, el borrador del Plan de Acción de la Juventud de la SPSI se centró en mejorar el acceso a los datos de los sistemas alimentarios, reforzar la participación y la educación de la juventud, y conectar los procesos nacionales con los mecanismos de gobernanza a nivel comunitario.
En Santa Lucía, las prioridades incluían iniciativas de seguridad alimentaria para la juventud, una educación climáticamente inteligente desde la educación preescolar, una política alimentaria que incluya a la juventud, un mejor acceso a los mercados y a la financiación, y una plataforma nacional de datos sobre los sistemas alimentarios basada en iFARM.
Aunque las prioridades difieren según el país, comparten una orientación común: hacer que la participación de la juventud sea más práctica, esté mejor conectada con la implementación nacional y esté más estrechamente vinculada a los medios de vida, la resiliencia y el desarrollo de los sistemas alimentarios locales.
Un mensaje regional: la Juventud como agente de la implementación
En conjunto, los dos talleres apuntan a un mensaje regional más amplio: la participación de la Juventud en la transformación de los sistemas alimentarios no puede seguir siendo meramente simbólica. Debe ser estructurada, continua y estar conectada a mecanismos reales de implementación.
La honorable Lisa C. Jawahir, ministra de Agricultura, Pesca, Seguridad Alimentaria y Cambio Climático de Santa Lucía, subrayó esta ambición: «La transformación de los sistemas alimentarios en Santa Lucía debe crear oportunidades reales para nuestra juventud, empoderándola como emprendedora, innovadora y líder en la construcción de un futuro más resiliente y sostenible.»
En todo el Caribe Oriental, la juventud ya está aportando ideas y soluciones prácticas. La prioridad ahora es garantizar que la normativa, las políticas, las instituciones, los sistemas de datos, la financiación y los procesos de toma de decisiones respalden su participación y liderazgo continuados.