Aportar una perspectiva de los sistemas alimentarios a la COP17 de la CNULD

©Aris Sanjaya (CIFOR ICG)

07/09/2026

La transformación de los sistemas alimentarios y los objetivos de la Convención de las Naciones Unidas de Lucha contra la Desertificación (CNULD) comparten una base común: unas tierras sanas, productivas y gestionadas de forma sostenible. Más del 95 % de la producción alimentaria mundial depende de la tierra, así como de servicios esenciales como la regulación del agua, la biodiversidad y el almacenamiento de carbono. Impulsar ambas agendas implica reducir la contribución de la agricultura a la degradación del suelo y, al mismo tiempo, potenciar su papel en la restauración, con el respaldo de políticas coherentes e inversiones específicas.

En la 17.ª sesión de la Conferencia de las Partes (COP17) de la CNULD, celebrada en Ulán Bator (Mongolia), el Centro de Coordinación de las Naciones Unidas sobre los Sistemas Alimentarios hizo hincapié en la necesidad de aplicar una perspectiva de los sistemas alimentarios a la restauración del suelo, la resiliencia y la financiación sostenible, destacando lo estrechamente relacionadas que están estas cuestiones.

Por primera vez, los sistemas alimentarios se incorporaron a la Agenda de Acción oficial de la COP17, incluyendo una jornada dedicada a los sistemas alimentarios y la salud del suelo. El coordinador principal de programas del Centro, Khaled Eltaweel, se unió a gobiernos y socios para explorar cómo las hojas de ruta nacionales de los sistemas alimentarios pueden ayudar a conectar estas prioridades. Sus aportaciones se centraron en una mayor coherencia de las políticas y en una financiación que responda a las prioridades nacionales y a las necesidades de los agricultores y las comunidades.

Conectando los sistemas alimentarios y la salud del suelo

Estas conexiones fueron el tema central de un evento paralelo organizado por El Centro el 27 de agosto, titulado «Impulsar las vías nacionales de los sistemas alimentarios a través de la convergencia en pro de la salud del suelo y la restauración de la tierra». Organizado junto con la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO), en colaboración con la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN), el Fondo Internacional de Desarrollo Agrícola (FIDA) y la Coalición de Acción para la Salud del Suelo (CA4SH), el evento examinó cómo los países pueden vincular mejor la salud del suelo y la restauración de la tierra con sus prioridades más amplias en materia de sistemas alimentarios.

Los suelos sanos contribuyen a la productividad de las explotaciones agrícolas, a la resiliencia de los paisajes y a los medios de vida rurales. Muchas estrategias nacionales de sistemas alimentarios ya abordan la salud del suelo mediante enfoques como la agroecología, la gestión sostenible de la tierra y el agua y la restauración de los ecosistemas. El debate se centró en hacer que esos vínculos sean más explícitos, medibles y fáciles de financiar.

Al inaugurar la sesión, Su Excelencia Tsend Sandag-Ochir, ministro de Medio Ambiente y Cambio Climático de Mongolia, resumió el reto de forma sencilla: «Si protegemos nuestros suelos, protegemos nuestros alimentos. Si protegemos nuestros alimentos, protegemos nuestros medios de vida. Si protegemos nuestros medios de vida, protegemos nuestro futuro».

El Honorable Tomasi Tunabuna, ministro de Agricultura y Vías Navegables de Fiyi, trasladó el debate al ámbito nacional. Fiyi, explicó, está reforzando la coordinación, desarrollando una plataforma de inversión agroalimentaria y creando alianzas público-privadas. El objetivo «no es crear otra agenda independiente sobre el suelo, sino hacer que los resultados relacionados con el suelo queden explícitos en los planes e inversiones que ya guían la transformación de los sistemas alimentarios».

Este enfoque se basa en el trabajo que ya se está llevando a cabo en muchos países. Nora Berrahmouni, subdirectora de la División de Tierras y Aguas de la FAO, señaló que la restauración de la tierra y la gestión sostenible del suelo ya se reflejan en las prioridades nacionales. «La tarea ahora consiste en reforzar la coherencia entre las vías de los sistemas alimentarios nacionales, las Contribuciones determinadas a nivel nacional (CDN), los planes nacionales de adaptación (PNAD), los objetivos de neutralidad en la degradación de las tierras (LDN) y las estrategias y planes de acción nacionales sobre biodiversidad (NBSAP), con el fin de movilizar inversiones y obtener resultados integrados en todos los paisajes y medios de vida», afirmó.

Eltaweel citó ejemplos de Fiyi y Camboya, donde la Iniciativa de convergencia de los sistemas alimentarios y la acción por el clima del Centro está ayudando a los países a vincular los procesos de los sistemas alimentarios nacionales con prioridades que van desde los pastizales y la sequía hasta la acción por el clima y la inversión. «Reforzar esta convergencia puede ayudar a los países a coordinar sus acciones y a lograr resultados medibles para las personas, la tierra y los ecosistemas, así como a mejorar el acceso a la financiación», señaló.

En lugar de crear una agenda separada para la salud del suelo, los oradores hicieron hincapié en la importancia de dar mayor visibilidad a los resultados relacionados con el suelo dentro de las políticas, los programas y las inversiones existentes.


Los sistemas alimentarios en la agenda de la COP17

El Centro trasladó esta perspectiva a varios otros debates de la COP17. A partir de las experiencias de las hojas de ruta nacionales de sistemas alimentarios, estas intervenciones pusieron de relieve cómo los países están reforzando los vínculos entre los sistemas alimentarios y la resiliencia hídrica, armonizando las prioridades entre las Convenciones de Río y explorando cómo la financiación puede apoyar la agricultura regenerativa y la restauración de la tierra. Los debates también abarcaron enfoques para medir la salud alimentaria y del suelo, así como la reorientación del apoyo público.

Las vías nacionales para la transformación de los sistemas alimentarios ya proporcionan un marco práctico para aunar las prioridades relacionadas en función de las necesidades de cada país. El Centro compartió ejemplos de su Iniciativa de convergencia y destacó la Ventanilla de Transformación de los Sistemas Alimentarios del Fondo Conjunto para los ODS como mecanismo para desarrollar programas listos para la inversión, al tiempo que subrayó la importancia de que la financiación llegue a los agricultores y las comunidades.

Estas conversaciones continuaron en reuniones bilaterales, en las que el enfoque pasó de la agenda general de la COP17 a las oportunidades de colaboración con los socios y el apoyo a los países. Los intercambios con el CIRAD y la UICN exploraron vínculos más estrechos entre los sistemas alimentarios y las Convenciones de Río, incluida una mayor integración de la biodiversidad y oportunidades para futuros trabajos a nivel nacional.

Camboya ofreció un ejemplo concreto de cómo puede ser ese apoyo. En una reunión con el Ministerio de Agricultura, Silvicultura y Pesca, la delegación destacó las prioridades para una cooperación continuada, entre las que se incluyen el apoyo técnico para el análisis económico agrícola y las proyecciones de oferta y demanda de los cultivos prioritarios, así como la participación de Camboya en la COP31 en Turquía.

El Centro también se reunió con la Iniciativa Emblemática Global para la Seguridad Alimentaria con el fin de analizar cómo su enfoque en inversiones listas para su aplicación sobre el terreno en materia de seguridad alimentaria y restauración de la tierra podría complementar la labor de la Iniciativa de convergencia con los gobiernos en materia de armonización de políticas y coordinación institucional.

A lo largo de la COP17, la participación del Centro puso de manifiesto cómo un enfoque basado en los sistemas alimentarios puede ayudar a conectar los debates mundiales sobre la tierra, el clima y la biodiversidad con las políticas, las instituciones y las inversiones que los países ya están impulsando. Las hojas de ruta nacionales proporcionan un marco liderado por los países para reforzar esos vínculos, respaldado por una mejor coordinación y una financiación que responda a las necesidades de cada país.